Positiva

08:30:00


Ya lo sé. Es fácil decir: “Sé positiva”, “Mantenete con buena onda durante el día”… Lo sé porque lucho con mis propios demonios. No soy una persona optimista por naturaleza: trabajo en ello cada día.

Que se entienda: no soy negativa, pero analizo cada posible escenario. Ante determinado evento futuro, me gusta tener preparado un plan B por si acaso. Si organizamos un día al aire libre en casa, me gusta tener pensado donde meto 20 personas si está pronosticado mal tiempo…

Bueno, pero lo que quiero comentar en este post no es la manía de tener planes alternativos, sino cuál es mi estrategia para navegar esos días en que absolutamente todo parece estar en tu contra.
Primero, me di cuenta que si no puedo hacer todo como estaba planeado, el mundo continúa igual funcionando. Resulta que no soy imprescindible y las personas se arreglan igual (o mejor) sin estar yo revoloteando a su alrededor. Esto me ha quitado bastante presión de encima. Estuve una semana en cama con una gripe fatal y la casa se mantuvo en pie, la oficina siguió funcionando y las organizaciones en las que colaboro sobrevivieron sin mi presencia.

Segundo, y esto es mi último descubrimiento que me ha divertido mucho, comencé a ejercer una especie de compañerismo agradecido (y en algunos casos, liderazgo agradecido). Bueno, tal vez no se llame así, pero a mi funcionó aún sin conocer su nombre. Cuando trabajás con muchos grupos y equipos, es inevitable que estén los que se oponen a todo, los que discuten cada cosa, los que están en desacuerdo aún cuando les das la razón… Habiendo probado todo, decidí comenzar a agradecer sus aportes, aún cuando no me parecieran buenos, útiles o pertinentes. Y es increíble cómo las personas comenzaron a cambiar la actitud. Agradecer lo que dicen, ofrecen o realizan es el primer paso: a partir de allí, se muestran más abiertas a dialogar y realizar los cambios sugeridos. Ya hablaremos de esto en un post futuro.

Tercero, cuando el problema parece insuperable, me tomo un rato para verlo desde otro ángulo. Trato de salir del lugar donde estoy. Salir de manera concreta: salgo de la habitación, de la oficina, del edificio si es posible. Camino un rato. Trato de distraerme quince minutos. Por suerte, debajo de nuestra oficina está una de las librerías que más me gusta de Buenos Aires: El Ateneo. Bajo, miro libros, doy una vuelta por los distintos sectores y de a poco el panorama se va esclareciendo. Tal vez no encuentre la solución en ese momento, pero le quito presión y tranquilizo la mente para retomar con otra perspectiva.

Cuarto, me pregunto cómo enfrentaría el día una persona que admiro o que es diferente de mi. ¿Cómo actuaría hoy Jessica Pearson o Harvey Specter, de la serie Suits? ¿Qué diría un antiguo compañero que tuve, que encontraba el lado bueno y divertido a todo lo que se presentaba? ¿Cómo arrancaría el día Daniel, que da por sentado que todo va a salir bien? Encarar el día desde un punto de vista diferente puede cambiar las prioridades, los temores y la forma de hacer las cosas. A mí me resulta.


¿Cuál es tu estrategia?

You Might Also Like

0 comentarios

Nota: sólo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Más leídas

Danos "Me gusta" Facebook