Bailey o cómo ser niña otra vez

18:18:00

Me encantan las muñecas y perritos de juguete. Cuanto más diminutos, mejor. No diría que los colecciono: sencillamente veo uno que me enamora y lo compro. Pueden pasar meses, incluso años,  hasta que algo llama mi atención y entonces pasa a firmar parte de mi mundo.

Cada uno es especial y tiene que ver con algun momento concreto: puede ser un viaje, una linda noticia, un momento feliz.

Iba caminando por Avenida Lacroze y en uno de los muchos comercios chinos que ofrecen mil chucherias, vi al perrito en miniatura que andaba buscando. Estaba sumergido en un mar de pequeñeces similares pertenecientes a otras especies. Pero yo sabía que abajo de todo, aplastado por hipopótamos y osos del tamaño de un pulgar, estaría mi nueva mascota.

Lo llamé Bailey, como el perro de "La razón de estar contigo". Es marrón y tiene el hocico rosado, las patitas y las orejas blancas y parece cruza con oso de peluche.

Bailey no es un juguete: es un símbolo. Quiero que me recuerde el estado de descubrimiento y sorpresa que tienen los niños: los ojos muy abiertos, la boca suspendida en una exclamación silenciosa, la sonrisa triunfal...

Me gustaría recuperar esa frescura y haber encontrado un perrito al que busqué como cuando era niña, me hizo recordar esa sensación de hallazgo y triunfo.

Esta noche me iré a dormir recordando ese momento mágico.

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