No me quedo en sueños: establezco objetivos

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Hace unos años, se me había ocurrido escribir en una hoja las cosas que quería lograr y se las entregaba a mi amiga Karina, quien las guardaba fungiendo de caja de seguridad de mis anhelos. Era muy gracioso y a la vez inquietante comprobar, tiempo después, que esas cosas se habían cumplido.

Pasó el tiempo, Karina regreso a vivir a su querida provincia sureña y yo continué escribiendo mis deseos y guardándolos en sobres o cajitas. Hace unos días encontré uno de esos papeles y me sonreí al ver escrito un deseo que se cumplió y que fue redactado en un momento en que era casi imposible que sucediera.

Lo había escrito en una época laboralmente complicada y económicamente nada. Lo que yo quería era trabajar en lo que me gustaba (capacitar en el uso de herramientas de participación ciudadana e incidencia) y viajar por Latinoamérica.

Como siempre me pasa, olvidé el papelito, se traspapeló entre la cantidad de cosas que escribo a diario y lo encontré hace unos días, años después de haberlo plasmado en una hoja de rayas finas y no pude menos que sonreir ante la urgencia del pedido y ver cómo luego se plasmó en mi profesión.

No voy a hablar aquí de pensamiento mágico ni analizaré la Ley de Atracción, porque sería introducirme en el terreno de las creencias. En cambio, recogeré una frase de mi querido Harvey Specter, el abogado implacable de la serie "Suits": "I don´t have dreams. I have goals" (No tengo sueños. Tengo objetivos). Esto es algo en lo que creo profundamente y que siempre me acompañó, aún antes de haber aparecido esta frase en la serie. Cuando hay algo que deseo o anhelo, lo quiero conseguir de verdad. No me quedo en el ensueño romántico, en poner los ojos soñadores e imaginar lo que podría ser. Si lo anhelo, quiero que suceda. No tengo sueños: tengo objetivos. O para que no parezca tan duro: no me quedo en sueños: establezco objetivos.

Para conseguir algo, hay que saber exactamente de qué se trata. Parece una verdad de Perogrullo, pero muchas veces no sabemos lo que queremos y ahí vamos, perdiéndonos por caminos errados.

Teneos que preguntarnos qué deseamos concretamente. Una vez que lo sabemos, podemos trabajar para conseguirlo. Cuando escribo esos papeles que menciono, es tan claro y concreto el deseo que resulta fácil darme cuenta de lo que tengo que hacer, aunque no sea conciente en ese momento.

Por ejemplo, querer "trabajar" es muy genérico y difuso. ¿Trabajar de qué? ¿Dónde? En qué puesto? ¿Ganando cuánto? O "viajar": ¿ Adónde? ¿Cuándo? ¿Con quien? En el ejemplo que conté al principio, el papel que había escrito decía claramente que quería dedicarme a capacitar personas en la utilización de herramientas de participación ciudadana e incidencia y viajar por Latinoamérica. Tal vez el hecho de ponerlo sobre papel ayudó a ordenar mis pensamientos y mis esfuerzos se encaminaron a buscar oportunidades en esa área profesional.

Como sea, tener claros los objetivos y poder enunciarlos de manera concreta te encaminan y ayudan a que no te disperses y te vayas por otros rumbos. Podés redactarlos de manera profesional o de manera más personal (como los papelitos entregados a mi amiga). La cuestión es tener claro aquello que querés conseguir  para ir y obtenerlo.



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