Profesional de lo que haces mejor

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Todos sabemos hacer algo de una manera especial, de modo tal que nuestros amigos o familiares nos felicitan y nos piden que repitamos la experiencia. Puede ser una comida (empanadas, un asado, una salsa especial, una torta deslumbrante), o dones referidos a la confección de ropa (tal vez sepas coser o tejer). Hay gente que tiene "mano verde" y de cualquier ramita consigue una planta bellísima. Están quienes tienen buen gusto y sentido de la moda y saben combinar prendas y colores; quienes saben inventar juegos para los chicos y son los animadores naturales de los cumpleaños; hay quienes dibujan muy bien o saben bordar o se dan idea para diseñar y crear adornos para el hogar. Ni qué decir de las personas con criterio para planificar las cosas del hogar o quienes pueden organizar una fiesta de manera impecable.

De cada habilidad se origina un producto: ropa, cuentos, comida, macetas con plantas y flores, fiestas infantiles organizadas y animadas, hogares organizados, objetos de decoración.

Pero no todas las habilidades tienen un producto tangible: hay personas muy buenas para acompañar a otros, empáticas y cordiales; hay quienes se llevan muy bien con las mascotas, quienes saben explicar las cosa de manera clara y sencilla, quienes saben sacar lo mejor de cada uno.

Entonces, la pregunta es… ¿en que sos realmente bueno (o buena)? ¿ Hay algo que sea tu sello distintivo? ¿Sos la tía a quien le piden que traiga las empanadas en las reuniones, a quien le insisten que decore a torta de cumpleaños? ¿Sos quien anima las fiestas? Y lo más importante… ¿Disfrutás haciendo aquello que los demás te piden una y otra vez que hagas?

Yo descubrí que si disfruto y hago las cosas con ganas, me salen mejor que cuando las afronto como un compromiso. No importa que siga todos los pasos de la manera que lo hago siempre: de alguna manera, cuando no estoy poniendo el cien por ciento de mi compromiso, las cosas no salen lo mejor de lo que soy capaz. Y tiene que ver con estar presente, con ser consciente que en este momento estoy haciendo esto y lo estoy disfrutando. Cuesta mucho, claro, sobre todo si sos del tipo multitarea (como yo).  Se trata de hacer esto que me gusta, disfruto y me sale bien, sin estar escuchando una conferencia por Zoom con un oído y estar atenta a lo que dicen en la radio con el otro, mientras miro de reojo lo que pasa en la casa.

Avancemos un poco más: estas cosas en las que somos buenos, que a todos les parece que hacemos de una manera espectacular… ¿pueden convertirse en un emprendimiento? ¿puede convertirse esta habilidad en el centro de un negocio que genere ingresos, además de disfrutar haciéndolo? ¿Tiene sentido armar tu comercio online (o en un local físico o una mezcla de los dos) si ya tenés tu profesión y no tiene nada que ver con tu hobby o habilidad? ¿Es disparatado lanzarse a comercializar productos o habilidades si nunca lo hiciste antes?

Yo creo que se puede, que no es disparatado y que, tal vez, es la manera de descubrir una vocación latente u oculta. Tengo un amigo que dice que soy un alma renacentista, porque tengo muchas vocaciones y me atrae hacer cosas diversas. Y mi sueño viene por dos lados: me encantaría montar un emprendimiento gastronómico-cultural y también tener un negocio vinculado al diseño, el tejido y bordado. Y no me parece algo descabellado: solo es cuestión de organizarme, armar un plan de negocios y buscar el momento propicio. Al principio puede ser un sueño, pero ese sueño puede convertirse en un objetivo. Pero de esto hablaremos en otra ocasión: cómo convertir los sueños en objetivos.

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